Portada Gente Entrevistas Graciano García: “Hubo presiones fuertes e intolerables para dar algún premio a quien no se lo merecía”

Graciano García: “Hubo presiones fuertes e intolerables para dar algún premio a quien no se lo merecía”

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Entrevista_a_Graciano_GarciaPor PILAR RUBIERA (LA NUEVA ESPAÑA)

El periódico LA NUEVA ESPAÑA de Oviedo publicó el sábado día 26 una extensa entrevista con Graciano García, ex director de la Fundación Príncipe de Asturias y ahora director emérito vitalicio de la misma. Por su interés, reproducimos a continuación este trabajo realizado por la prestigiosa periodista Pilar Rubiera.

Asturiano de Moreda, periodista, artífice de algunas de las más interesantes aventuras periodísticas de la Asturias de los últimos 40 años y editor, Graciano García comenzó a dar vueltas a la idea de crear una fundación que vinculara a la Corona con el Principado de Asturias en el año 1978. Tenía entonces 38 años y dirigía el periódico Asturias diario regional. En 1980 se constituyó la Fundación Principado de Asturias y unos meses más tarde, poco después del golpe de Estado del 23-F, se entregaban los primeros premios Príncipe de Asturias.

Ha dirigido durante 29 años una institución que ha situado al Principado y a sus Premios en el panorama internacional. La pasada semana, por imperativo estatutario, al haber cumplido 70 años, dio el relevo a su sucesora, Teresa Sanjurjo. Él quedará vinculado a la Fundación como director emérito vitalicio y asesor de los premios. Casado, padre de dos hijos y abuelo de dos nietos, afronta esta nueva etapa con ilusión y afirma sentirse “feliz y liberado”.

- ¿Está  de acuerdo con el papel que le han asignado en el futuro de la Fundación?

- Citaré unas palabras del Eclesiastés que siempre he tenido muy presentes: “Todo tiene su momento y cada cosa tiene su tiempo bajo el cielo”. Este momento era inevitable que llegase, pero tengo la satisfacción de haber contribuido a que se hiciera realidad una obra que hoy es respetada en España y en el mundo y especialmente querida en Asturias. Esa felicidad es aún mayor pues, por expreso deseo del Príncipe, continuaré vinculado de otra forma, como director emérito y como patrono, a este gran proyecto que es la Fundación y sus Premios.

- ¿Qué  le dijo el Príncipe cuando se entrevistó  con él hace unas semanas?

- Es de mínima prudencia desvelar este tipo de conversaciones, pero sí puedo decir que don Felipe estuvo, como siempre conmigo, muy afectuoso, recordando con emoción algunas de las historias que hemos vivido juntos con motivo de las entregas de los Premios. Nos interrumpió una llamada por el teléfono interior de la Princesa de Asturias que también se mostró muy cariñosa hacia mí. También hablamos de mi familia y de mi nieto Pelayo, el segundo todavía no había nacido, y de la que viene en camino.

- Todo el mundo tiene claro que como director de la Fundación usted es irrepetible. ¿Cómo ve a su sucesora? ¿Se atrevería a darle un consejo?

- Más que consejos, le daré lealmente alguna opinión, si me la pide. Sé por amigos comunes que es una mujer muy trabajadora, de trato fácil y muy conocedora del mundo de la cultura y de las fundaciones. He hablado con ella y la he encontrado muy responsabilizada del reto que asume y también muy ilusionada con el trabajo que le espera, que, desde luego, no es ni poco ni fácil.

- Han pasado 30 años desde que la Fundación dio, de su mano, los primeros pasos. ¿Pensó que llegaría hasta donde ha llegado?

- Siempre pensé que era un proyecto muy ambicioso, muy difícil de realizar. Pero también es cierto que desde el principio conté con los apoyos esenciales: el de la Corona, el de Sabino Fernández Campo, que fue realmente trascendental, el de Pedro Masaveu, su primer presidente, y el de un Patronato formado por personas de una gran sensatez, que dejan trabajar y de las que siempre recibí asesoramiento y consejo valiosísimos. Quiero resaltar al maravilloso equipo de la Fundación, de extraordinaria valía profesional, sacrificado y para el que no existe la palabra desencanto.

- Mucha gente, incluso próxima a usted, pensó que era “otra locura de Chano”. ¿Aquello le dolió o le animó a continuar adelante?

- Me animó mucho, pues sé  muy bien que las grandes obras, las más ambiciosas, son a las que se les opone siempre una mayor resistencia.

- Ideó  la Fundación en un momento de inactividad laboral, tras su paso por la dirección del diario Asturias, cuyo nacimiento también impulsó. En su caso parece que el paro fue providencial.

- Eso no es exactamente así, es una leyenda que se dice de mí, porque afortunadamente nunca estuve en el paro. Cuando salí de Asturias diario regional regresé a una empresa editorial, Ediciones Naranco, de la que había sido fundador y director. De ahí nació más tarde Ediciones Nobel, que es una gloria de empresa cultural, con pies muy sólidos en Iberoamérica y que acaba de adquirir una multinacional de libro técnico, que habían comprado los americanos, histórica en España, que se llama Paraninfo.

- El nacimiento del Asturias y el de la Fundación se parecen en la medida en que le tocó aunar voluntades muy distintas.

- Tienen en común el compromiso con Asturias a través de la cultura y del aliento a los valores e ideales que engrandecen nuestro paso por la vida.

- Recuerdo que el primer editorial del Asturias molestó a algunos. Decían que usted era muy rojo y ahora, en cambio, se dice que es monárquico. ¿Lo es?

- Yo soy, ante todo, fiel a la Constitución que hemos aprobado la inmensa mayoría de los españoles y uno de cuyos vértices es la Monarquía Parlamentaria, una institución que ha demostrado un compromiso firme con los ideales en los que creo: la imprescindible libertad, la unión de la España plural, el aliento a la concordia entre los españoles y el cierre, por ello, de viejas heridas. Ahí  está el fundamento de mi lealtad a la Corona.

- ¿Son antiguas o modernas las monarquías?

- Hay de todo. Hay monarquías absolutistas, asentadas en principios medievales, y las hay parlamentarias y democráticas, como son las europeas. Como diría, dice y repite mi entrañable amigo Luis María Anson, en los países donde están implantadas estas últimas hay más prosperidad, más libertad, más afán de progreso y más concordia que en una gran mayoría de las repúblicas del mundo.

- ¿Qué  fue lo más fácil y lo más difícil de estos treinta años en la Fundación?

- Casi nunca hubo un día fácil y sí  muchos días de alegría. Fueron muy difíciles los primeros pasos, pues ante la envergadura del proyecto era muy lógico un profundo escepticismo. Fueron también horas muy difíciles, padecidas especialmente por mí,  aquéllas en las que tuvimos que enfrentarnos a presiones fuertes e intolerables que en algún momento recibimos para dar algún premio a quien no se lo merecía.

- ¿Y alguna vez dieron un premio por presiones?

- Nunca, jamás.

- Cite un ejemplo de “intolerable presión”.

- La candidatura del Palau de la Música de Cataluña. Más de 600 personalidades de la vida cultural y española nos enviaron un escrito de apoyo y recibí numerosas llamadas. Imagínese las consecuencias que hubiera tenido con el estallido del escándalo de corrupción.

- ¿Cuál ha sido la principal aportación de la institución a Asturias?

- El crecimiento espectacular del turismo en Asturias no es ajeno a la buena imagen de nuestros Premios, como tampoco lo son algunas importantes operaciones comerciales e industriales que se han hecho en nuestra región. Al mismo tiempo, creo que la Fundación y, sobre todo, sus premios han estimulado la autoestima de los asturianos, han mostrado que no hay barrera ni obstáculo que pueda vencer a una idea cuando se cree en ella, por muy ambiciosa que sea.

- Haga autocrítica. Dígame dos decisiones que haya tomado como director que ahora, transcurrido el tiempo, considere un error o una equivocación.

- Como dice un amigo mío, nadie es perfecto, ni siquiera el capitán. No sé cuántas veces me he equivocado, seguramente muchas, pero los resultados están a la vista.

- ¿Cree que la forma en que se decidió ubicar el centro Niemeyer en Avilés fue la idónea?

- El Niemeyer fue un maravilloso regalo que con motivo del 25 aniversario de la Fundación nos hizo uno de nuestros premiados más emblemáticos e históricos en la categoría de las Artes. El llevarlo a cabo no era fácil, pues tenían que darse una serie de condiciones para ubicarlo y la Fundación no tiene recursos para afrontar un proyecto de esa envergadura. El Patronato aprobó ponerlo a disposición de Asturias para que por encima de todo se realizase cuanto antes y el Gobierno del Principado, con su presidente al frente, vio en el proyecto una oportunidad histórica para Asturias e incluso para España. Una coyuntura especial abrió la posibilidad de que fuese construido en Avilés y hoy felizmente las obras están en marcha y pronto este maravilloso conjunto arquitectónico será un emblema de la Asturias en progreso que queremos.

- ¿Se politizó  en exceso a raíz de ese asunto la institución? ¿Alejó a la Fundación del Ayuntamiento de Oviedo y la acercó  al Gobierno de Areces?

- Yo no interpreto en modo alguno así  la opinión que usted expresa en su pregunta. La relación con estas dos administraciones ha sido siempre de estrecha colaboración que se ha visto engrandecida más allá de coyunturas específicas.

- ¿Habrá  Museo de los Premios?

- Es un viejo sueño de la Fundación y creo que es un buen sueño, pero a día de hoy no está en la agenda del Patronato.

- Los Premios comenzaron siendo de ámbito fundamentalmente hispanoamericano y después se internacionalizaron no sin un cierto debate en el patronato. Ahora se tutean con los Nobel y en muchos casos se adelantan a ellos. ¿Se acabaron los premios estilo Graciano o su marcha de la dirección no modificará nada?

- El camino que hemos seguido expresa muy bien una firme voluntad de continuidad, pues ha dado muy buenos frutos. El Príncipe de Asturias es la mayor garantía de que esa vocación no va a perderse, pues así lo ha dicho públicamente en más de una ocasión. Su mayor deseo, incluso su sueño, ha dicho, es que los Premios sean reconocidos por aspirar a contribuir a la concordia entre los pueblos, por alentar la creación cultural en sus más altos y nobles valores, por ser como una inextinguible llamada a la ilusión, una luz vertida sobre la oscuridad y el abatimiento.

- El apoyo de la Casa del Rey y de Sabino fue fundamental en el impulso de los Premios. Tras ellos surgió  la figura de Pedro Masaveu. Hábleme de él. ¿Cuál fue su principal aportación a la Fundación y a los Premios?

- Pedro Masaveu y yo no nos conocíamos cuando se creó la Fundación. Incluso él tuvo serias dudas de que yo fuese la persona con el perfil que buscaba para ser su inmediato colaborador y, por tanto, para dirigir la Fundación. Pero pronto nos dimos cuenta de que había una sintonía total en lo que queríamos hacer con la institución y con los premios. Solía repetirme que él y yo no sabíamos hacer cosas pequeñas. Se dice que aportó bienes materiales a la Fundación y desde luego eso es cierto. Pero lo más importante fue la sensibilidad que mostró hacia los temas culturales y su compromiso con Asturias.

- Defina a los otros tres presidentes con los que ha trabajado: Plácido Arango, José Ramón Álvarez Rendueles y Matías Rodríguez Inciarte.

- De Plácido Arango recuerdo sobre todo su generosidad, su sentido del humor y su capacidad para relacionarse en todos los ámbitos y especialmente en los más complicados de la política y las finanzas, a nivel nacional e internacional. De José  Ramón Álvarez Rendueles destacaría su discreción, su dejar hacer y su capacidad para conocer a las personas. Del actual presidente, Matías Rodríguez Inciarte, destacaría su talante optimista, su asturianía, su voluntad de buscar la conciliación y su deseo de mantener el espíritu de la Fundación en esta coyuntura nada fácil.

- ¿Lamentó alguna vez haber dejado de lado el periodismo o, como suele decirse, los periodistas y los sacerdotes lo son hasta la muerte?

- Soy periodista de vocación, fue una decisión que tomé en mi juventud y sobre la que nunca tuve ninguna duda de que había sido la acertada, a pesar de vivir momentos muy difíciles en ella. Soy lo que he querido ser siempre y estoy orgulloso, porque para mí es la profesión más hermosa de todas.

- ¿Qué noticia se produjo en la historia de la Fundación que los periodistas no hemos contado?

- No hay ningún secreto en la historia de la Fundación.

- ¿Ha sentido que tocaba poder con frecuencia?

- He estado muy cerca de los grandes poderes tanto de tipo político como económico, social y financiero, y he observado que precisamente ahí arriba no siempre están los mejores.

- ¿Se ha vuelto vanidoso?

- La vanidad está en la misma condición humana, pero desde mi infancia he vivido precisamente en un ambiente que es un verdadero antídoto contra ese tipo de perversiones, el ambiente de las cuencas mineras de Asturias, en donde lo verdaderamente importante es la sencillez, la austeridad y la solidaridad, valores que nunca he olvidado y que han sido siempre el norte de mi vida.

EN LA IMAGEN, Graciano García.

 
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